martes, 7 de enero de 2014

Conferencia "Funcionamiento y gestión de la marisma de Doñana", por Carlos Urdiales en el ciclo Martes Ornitológicos, 7 de enero de 2014. Crónica

Notas tomadas en la conferencia por Leonardo Casasola.

La actual Marisma de Doñana, comenzó a formarse hace unos cinco mil años, cuando una barra de arena en la costa onubense comenzó a desarrollarse. Tres mil años más tarde, la barra ya había llegado hasta cerca de Sanlúcar de Barrameda. Los sedimentos originados por la erosión natural y la agricultura iniciaron la colmatación de lo que en un principio era un golfo. En época romana era conocido como el Lago Lacustinus, que era drenado por el río Betis, formado por diferentes cauces. Al ser una zona muy llana con pocos desniveles, recogía el agua de lluvia y una parte de la escorrentía de los cauces de la zona. El resto iba al mar. El agua permanecía normalmente hasta Agosto.

En el siglo XIX para facilitar la navegación de los barcos, se eliminaron diferentes meandros del Guadalquivir, dando lugar a las “Cortas”. En el Siglo XX continuó ese proceso y se inició la conversión de las marismas en campos de cultivos. Para lograr eso, se niveló y drenó la marisma. Se construyó una enorme red de canales, muros, caminos, compuertas etc, que alteraron el funcionamiento hidrológico de la marisma. 

Como consecuencia de todo eso, en los años de sequía, llega menos agua que anteriormente. Se seca antes. En los años muy húmedos, el agua alcanza una altura superior, provocando un encharcamiento excesivo.

En la actualidad se puede considerar al río Guadalquivir como un canal, porque su caudal está regulado y no existen zonas de avenidas naturales. Los embalses retienen la arenas y parte de los limos y arcillas.

El río Guadiamar está poco regulado por embalses, porque sólo el del Agrio lo controla. En cambio sus zonas de avenidas están alteradas, al construirse los muros en la época del accidente de la Mina de Boliden en Aznalcóllar, para evitar que lodos y aguas contaminadas entraran en Doñana. Una vez que el cauce y las zonas adyacentes fueron limpiados, sería necesario permeabilizar dichos muros, para aprovechar esas avenidas, sobre todo en años secos.

En años muy húmedos habría que permitir la evacuación de los excedentes de agua. Existen planes para mejorar la regulación hídrica, pero la falta de medios, impide la realización de los mismos. 

El sobrepastoreo es uno de los mayores problemas. En los cercados que se han construido, para estudiar la evolución de las plantas sin el efecto de los herbívoros, se constata la recuperación de la flora.

El exceso de fósforo provocado por las aguas residuales de Almonte es otro de los problemas notables.

El dragado del río, en su opinión, tendría efecto en la erosión de las orillas, pero el aumento de salinidad afectaría a los cultivos, pero no a las aves.

La sobreexplotación de los acuíferos no afecta al Parque Nacional sino a las zonas aledañas, provocando que la vegetación rupícola esté muy alterada.