Granada cerró el primer fin de semana de septiembre una de las mayores citas científicas sobre aves y conservación de la naturaleza de la península ibérica. El XXVII Congreso Español de Ornitología y VIII Congreso Ibérico, organizado por SEO/BirdLife, ha reunido durante cinco días a más de 400 científicos y científicas, personal investigador, técnicos de administraciones, entidades conservacionistas y profesionales de la comunicación, consolidándose como un espacio de referencia para el intercambio de conocimiento y el debate sobre los grandes retos ambientales.
El programa científico ha contado con más de 230 comunicaciones, sesiones plenarias y pósteres, reflejo de la elevada calidad y diversidad de la investigación ornitológica que se desarrolla actualmente en España y Portugal. Durante el Congreso se han abordado cuestiones tan diversas como los efectos del cambio climático sobre las aves, las nuevas tecnologías aplicadas a la investigación, la transición energética, la conservación de las aves agrarias y marinas, la gestión de espacios protegidos, la migración, la evolución o la relación entre biodiversidad y salud humana.
El Congreso también ha sido una oportunidad para compartir experiencias con otros Grupos Locales. En este sentido, el V Premio Elena Abati a la Acción de los Grupos Locales de SEO/BirdLife reconoció al grupo local SEO-Castro, por más de dos décadas de trabajo en la protección de la Montaña Oriental Costera de Cantabria, impulsando investigación, custodia del territorio y alianzas sociales e institucionales para la conservación.
Además, se realizó un taller dirigido a los Grupos Locales para trabajar en el relevo generacional, una cuestión fundamental para garantizar la continuidad y participación de nuevas generaciones en estos grupos.
Pero el Congreso no se quedó únicamente en las salas de conferencias. El programa también permitió disfrutar del campo y compartir jornadas de observación. En una de las excursiones se llegaron a registrar más de una veintena de especies, entre ellas abejarucos, águilas calzadas, buitres, vencejos y varias especies de currucas. También hubo encuentros fugaces, como el de un roquero que apenas se dejó ver durante unos segundos, y observaciones especialmente interesantes, como la de un águila real a gran distancia.
Y, como suele ocurrir en el pajareo, también hubo lugar para esas observaciones que se quedan en el terreno de la duda: durante unos segundos pudo observarse lo que quizá fuera un quebrantahuesos juvenil, atendiendo al tipo de vuelo y a la zona en la que apareció. La brevedad del avistamiento impidió confirmar la identificación al cien por cien, quedando como uno de esos creo que lo vi que también forman parte de la experiencia de campo.
Más allá de las cifras, las comunicaciones y las observaciones, el Congreso ha supuesto también un punto de encuentro para quienes trabajan, investigan, divulgan y participan en la conservación de las aves y sus hábitats. Una oportunidad para compartir conocimiento, intercambiar experiencias y seguir construyendo redes de colaboración en torno a la conservación de la naturaleza.
Gracias a Guillermo Krumrain y José Zarapico por facilitarnos la información del desarrollo de las jornadas y las imágenes.





